"Por tanto os ruego que me imitéis" 1Co 4:16
Mientras leía este versículo, varios pensamientos inundaron mi mente. Pablo les dice a los corintios que lo imiten, y no solo les dice, sino que les ruega. Hay una gran implicancia detrás de esas palabras y sin entrar a discutir o comentar el contexto del versículo, el pedirle a otro que nos imite, significa pedirle que cambie su forma de conducirse o de vivir por la forma que se ha establecido como ejemplo.
Pensando en esto examinaba mi propia vida, y me pregunté si soy capaz de, con autoridad, decirle a otro que imite mi vida o que siga mis pasos. No sé si tu te sientes con esa autoridad. Pero como cristianos somos llamados a ser ejemplo, somos llamados a ser luz. Si existe un patrón o modelo a seguir en este mundo debe ser el imitar la vida de los creyentes, de aquellos que han sido hechos hijos de Dios. Y... ¿Por qué debemos ser imitados? ¿Porque somos mejores? ¿Porque tenemos todas las respuestas? ¿Porque no nos equivocamos? No, sino porque como hijos del Señor somos los únicos en el mundo con la capacidad sobre natural de reflejar a Cristo.
Cada una de nosotras puede decirle al mundo entero que nos imite, y hacerlo con autoridad, cuando nuestra vida sea el resultado de un caminar con Dios. Cuando en mi vida sean manifiestas las obras de Cristo. Hoy quiero dejar un desafío, pregúntate si puedes decirle al mundo que sigas tus pasos. Mayor desafío aún, si puedes decirle a tus amigos y vecinos que te imiten, o a tu esposo, hijos, padres. La idea de esta reflexión no es generar una carga por vivir mejor, para ser el mejor de los ejemplos o añadir angustia al ver lo mucho que nos falta para vivir según la Biblia. El enfoque de hoy es que podamos ir al Autor de la vida, a Jesucristo nuestro Señor, en humildad, reverencia y pasión; para que sea Él transformando nuestras vidas a su forma, a su ejemplo.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" Gál 2:20.
Con amor en Cristo
Laura